Sobre el fanatismo
Como decía de sí misma una amiga ya lejana en el tiempo: soy de pocas ideas, pero fijas. Una de estas ideas se refiere al fanatismo, tan aborrecido por Fernando Savater. Dejo que la exprese José Ignacio Cabrujas en un libro que releo (Y Latinoamérica inventó la telenovela, Alfadil Ediciones, Caracas: 2002). Sus palabras:
Perdonen la digresión, pero esta relación del hombre con la verdad nos ayuda a entender ciertos tipos de comportamiento: la persona que es violenta porque va guiada por una idea fija de la que no está segura; «el que no está seguro de lo que no puede estarlo», que es una definición del «liberal»; el «fanático», que está seguro de muchas cosas, suple con violencia desatada la evidencia que le falta y está dispuesto a borrar con sangre las interrogantes que le hacen sus dudas, a ahogar con ella la voz que le dice que vive en falso, que todo eso es simple inautenticidad. La principal ocupación del fanático es mentirse. Ni el hombre sinceramente instalado en sus creencias ni el intelectual pueden ser fanáticos: el primero, porque está de verdad seguro y sereno; el segundo porque sabe que toda idea es cuestionable, y aun siendo verdadera no la confunde con la realidad. El fanatismo se queda para los que blanden creencias en las que no están o los que manejan desde fuera ideas que no son suyas.

