Carta para ustedes

February 9, 2009

Mientras los Ministros del Poder Popular  hablan del bien social y de la responsabilidad de los pueblos, yo veo como los vendedores de pájaros silvestres de la autopista que conecta Morón con San Felipe acaban con la fauna. Lo hacen desde hace varios años, he visto aferrarse a sus dedos jóvenes o encallecidos, loros, turpiales, tucanes y hasta guacamayas. Más allá o más acá, si acaso, un guardia nacional (ahora bolivariano) esconde su indiferencia bajo un toldo, guarecido del sol, mirando su celular, bostezando, o mirando nada. Y eso, casi nunca, porque muy frecuentemente  la autopista que conecta Morón con San Felipe (creo que todavía se llama Autopista Rafael Caldera, no lo sé),   es ahora la libertad y la ausencia, ya no existen patrullas de carretera, ni límites de velocidad, ni cauchos lisos, ni automóviles desvencijados fuera de circulación: todo es una absoluta igualdad democrática. Sin leyes.

Atravieso a menudo esta autopista y la Regional del Centro, veces sólo, a veces con mi familia, siempre acosado por los enormes camiones que rebasan mi pequeño automóvil,  y los maldigo cada vez que hacen estremecer mi auto en sus cabriolas cargadas de toneladas homicidas entre el hombrillo y la vía rápida: camiones públicos o privados, que exhiben desvergonzados la misma idéntica impunidad.  

Hoy el horror tan temido me llega muy cerca: un familiar de un ser muy querido perece bajo el impacto de un autobús, conducido por un conductor asesino más, uno sólo entre esos cientos de conductores que yo veo atravesar semana a semana la Autopista del Centro, impunes y ebrios de libertinaje, asesinos sin saberlo de sí mismos y de la vida que está siempre más acá de las palabras.

Yo no hago qué hacer con un dolor que me llega tan cerca, no hago qué hacer con mi impotencia. Sólo escribir este post. Y preguntarles a ustedes qué puede ser de un país en el que la vida que merecemos, ha sido sustituida por las palabras que aluden a ella.

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